domingo, 8 de enero de 2006

Eudoxo, yo y las curvas sinoidales

En una conducta que cada dia gana mas fuerza en mi lucha diaria y nocturna entre mismo y yo me estoy poniendo flojisimo para ponerme al dia en torno a este blog. Cuando se acerca la hora ideal para ponerse a pensar inutiles historias, mil y una excusas salen sin dificultad alguna para evitar este tan noble proposito. Los argumentos van desde la flojera misma de encender esta otra maquina demoniaca (aunque no tan abominable como la otra que esta enfrente suyo y que hace segundos acabo de desenergizar) hasta mi incapacidad de decidirme de un tema en especifico para un texto sobre el. Esta ultima quizas sea razonable, puesto que es las experiencias y las ideas que van surgiendo con cada una de ellas hace titanica y dantesca la labor de comenzar a pensar siquiera en como desenrrollar esta intrincada madeja, que a cada segundo va aumentando su volumen en relacion directa con mi estado general de sinapsis (notese, da lo mismo grado de vigilia... este verano da lo mismo si estoy despierto o soñando, no existe mucha diferencia entre ambos estados).
Tantas miles de cosas sobre las que un blog se pueden volcar... este espacio da para mucho. Podria hablar de mi nueva mascota, Eudoxo; o de las curvas sinoidales, de cuyo nombre no estoy muy seguro; o de las ultimas peliculas intituladas que ultimamente he visto... o de el cortometraje que vi hoy en la tarde; o de la niñita que recibio una respuesta luego de dos años de haber soñado una botella al mar (hecho que seguramente conocio quien esta a cargo de la programacion de las peliculas de canal 13 los dias sabado, lo que aun da mas temas, como el porque las veo o el por que de la conspiracion esa), o de la propaganda de las universidades privadas...
La lista es larguisima, y creo que quizas debere echar mano a este posteo el dia que sin temas de ocio he de quedar
En fin muchachos, no os desespereis. Solo tengan un poco de paciencia, que de a poco ire completando mi sicodelica existencia. Por hoy, los dejo descansar de mis extrañas palabras.

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