Si hay algo de lo que estoy orgulloso en esta vida, es de mi hijo.
Lo he visto crecer, caerse... y levantarse cada una de esas veces. Jamas se rindo ante cualquier tropiezo.
Con que orgullo lo miro hoy, que ya camina solo!
Recuerdo la primera vez que lo ví, en aquella fría mañana de mayo de 2006, en aquella pequeña sala. Ese momento fue increíble. Era ver a alguien que no podía contenerse a si mismo, que quería ver al mundo de una vez por todas... Cuanto tiempo ha pasado desde ese momento!
Por supuesto, no es un hijo natural del que estoy hablando. Lo tuve que adoptar. El proceso, para que finalmente fuese mi responsabilidad, fue intenso. Habían otras personas, que también lo querían para si.
Fue en ese proceso que le agarré muchísimo cariño... hasta que recuerdo el minuto, el instante, en que me avisaron que si, efectivamente, era mio. Fue un puño en alto, acompañado por una sonrisa de oreja a oreja. Fue mientras estaba en la exposición de Rehren. El dia antes del examen de Altman.
No entendí muy bien que significaba todo eso. De a poco, sin darme cuenta, no podía dejar de estar pendiente de el.
Me ha costado varios desvelos, no pocos pesos, incluso, tal vez varios kilos, muchas horas de no-estudio... Da lo mismo. Las alegrías y su sonrisa lo valen todo.
Me he preocupado de cada uno de los pasos que ha dado, para que no tropieze. Cuantas veces he reído por las cosas que hace! Con decir, que a su corta edad, tiene todo un prontuario! Sexo, alcohol, drogas, y mucho Rock&Roll.
Pero, suspiro cuando se que prontamente debo dejarlo. Cumple su mayoría de edad. Si todo marcha bien, lo dejare en manos de una buena niña, que se hará cargo de él.
¿Y a que viene todo esto? Es simple.
En la tarde recibí un correo. En resumidas cuentas, ninguneaba a mi hijo. Y cuando hablan de tu hijo, del modo que sea... es un tema personal. Eso supongo ocurre, porque en este caso, tu negocio pasa a ser un tema personal.
No culpo a la autora del mensaje. Evidentemente, el arte puede ser un algo... como decirlo... importante para algunas personas.
Pero claro. Desde pequeño, a mi hijo le enseñe a despreciarlo. A considerarlo algo inútil, digno de hippies animalistas vegetarianos letrados.
Lamento muchísimo escribir esto. Pero es lo único que siento, cuando veo que hablan mal de mi hijo.