domingo, 21 de agosto de 2011

El gobierno de la clase media

Gran parte del discurso político de los sectores de derecha de este país (al menos) se dirige a la Clase Media (aunque claro, en el último tiempo, hay que mencionar que Longueira y “los sectores populares” han avanzado bastante).
La estrategia apunta a apoyar a una clase media que está fuera de la protección del estado (haciéndose cargo de la idea de que “a los pobres les regalan todo”), y también, porque como bien lo señala en moralista filósofo de Coco Legrand, en este país resulta que “todos los hueones son de clase media” [ver aquí para mayor detalle]
Sea como sea, el candidato de bracitos cortos hizo suyo este discurso, ya que “el también provenía de la clase media tradicional chilena”, y resultó finalmente electo. Aunque probablemente lo hizo pensando en que podría implementar políticas que favorecieran a este sector social, y por tanto ser recordado por ello, sospecho nunca imaginó que efectivamente la clase media sería la protagonista de su mandato, o al menos, no de la forma en que lo está haciendo.
Para argumentar esta idea, baste revisar los dos principales conflictos del gobierno, en los temas de reconstrucción y de educación.
Por un lado, a la fecha se han reconstruido 2 265 de los 58 444 subsidios asignados para la construcción de casas destruidas por el terremoto (sea, un 3.8 %), lo que incluso es más grave, si se considera que los certificados “inhabitabilidad” entregados por los municipios son más de 100 000) (datos a partir de los informes oficiales del Ministerio de Vivienda, al 31 de Julio de 2011, disponibles aquí ). Ante los nulos avances, no es de extrañar que los pobladores del Campamento El Molino, en Dichato, pusieran en jaque a Carabineros y cuánta autoridad pública se acercase a ellos, y mantuviesen carreteras cortadas y protagonizaran violentas manifestaciones por varios días. Lo interesante de esto es que sus protagonistas no son precisamente la gente más pobre de Dichato, pues hay campamentos con niveles de vida aun peores, sino que es gente que tenía una casa, pagaba sus cuentas... pero que ante el terremoto quedó desprovista de su hogar, y ahora viven en estresantes, húmedos y estrechos 18 metros cuadrados, y que lo harán por incluso un tercer invierno (pues sus casas no estarán antes de diciembre de 2012).
Por otro lado, las demandas estudiantiles, que han hecho amplio eco en la sociedad civil, se han mantenido con altísimos niveles de apoyo incluso luego de tres meses de movilizaciones. La principal forma de expresión de esta empatía con los estudiantes, los caceroleos, han visto en Plaza Ñuñoa su punto neurálgico, donde noche tras noche cientos (y a veces miles) de vecinos salen a ver que sus demandas son las mismas que las de casi todos sus vecinos. Y el que las protestas sean ahí no es azaroso, sino que hablan de a quienes son los más afectados por el actual sistema educacional.
En Dichato y la Plaza Ñuñoa hay varios denominadores comunes: sus habitantes son personas de una clase media chilena que fue capaz de acceder por si misma a los beneficios del país, como una casa propia o una educación para al menos uno de sus hijos, pero que es sumamente vulnerable: basta con un terremoto 8.8 para perder una herencia familiar prolijamente cuidada, o que un segundo hijo desee entrar a la universidad, para que con ello las finanzas familiares simplemente no cuadren. Son familias que tienen acceso a créditos, pero no de aquellos que impliquen deudas a 20 años (hipotecarios) o 15 años con altísimos intereses (estudiantiles).
Quizás no como lo quería nuestro Presidente, pero este ha sido por lejos, el gobierno de la Clase Media.

domingo, 12 de junio de 2011

Cosas que jamás aprendí

Hoy, en una nueva entrega, tenemos para ustedes aquellas cinco cosas que jamás aprendí a hacer

1.- Recortar y pintar sin salirme de la línea. El misterio de como carajo achuntarle a una diminuta línea jamás ha estado dentro de mis habilidades.

2.- A columpiarme. Si, es triste, lo sé. Pero el generar inercia con los pies es algo que en verdad me supera, a pesar de los múltiples esfuerzos realizados después de clases, mientras esperaba el furgón escolar con la Ma. del Pilar...

3.- A tostar pan, sin quemarlo. Loco, jamás la comida se me quema (incluido el arroz, no se preocupen)... pero el espacio que hay entre los umbrales que tiene el pan entre el punto de estar frío y estar quemado es algo que jamás he dominado. Es herencia de mi padre, tengo que decir en mi defensa. Creo compraré una tostadora.

4.- A tocar guitarra y hacer malabares. Bueno, debo decir que nunca me he esforzado en alguna de las dos cosas, pero... ahí hay una guitarra eléctrica del flako y una pelotas de tenis, esperando ser controladas y manoseadas de formas armónicas. Por mientras, sigue siendo un misterio el cómo llegar a eso.

5.- A identificar cuál es la izquierda y cuál la derecha. Saber cuál es la izquierda y cuál es la otra izquierda no es algo sencillo... Al menos para mi. Hay momentos es que es un poco preocupante el tema (por ejemplo, al sacar licencia de conducir), pero... me las he arreglado de alguna forma. Creo debí haber desfilado más veces con la cuncuna que teníamos en el jardín... Por mientras, debo ocupar un poco más de ram que lo normal en averiguar hacia qué lado me están sugiriendo doblar o caminar

domingo, 22 de mayo de 2011

Al Parque Mahuida en Bici (Primer intento)

Si bien hoy tenía pensado publicar alguna reseña sobre el Parque Mahuida, sólo les comentaré brevemente la llegada al Parque.
Ocurre que se me ocurrió salir a las 4pm del depa, en Macul, y llegué finalmente al Parque, exhausto, a las 5:30, ya media hora más tarde de la entrada a los senderos. De todas maneras, si hubiese sido posible entrar, lo hubiese pensado.
El Parque mismo está a bastante altura, por lo que los últimos metros antes de la entrada sencillamente tuve que bajarme de la bici y simplemente caminar. Para salvaguardar mi orgullo, debo decir que me topé con que no era el único que subía a esa hora, y caminando al lado de su flaka.
La lección del día: si quieren ir al Mahuida, no lo tomen a la ligera (a menos que vayan en auto hasta la entrada misma al Parque)
Quería aprovechar eso si de mencionar un tema técnico. En mi cel (una bb 9300), que ahora tiene gps, le he estado bajando aplicaciones para ver los recorridos que hago con la Javi. Hasta ahora, he probado la iMapMyRide y miCoach (links aquí y aquí), ambas gratuitas. Ambas tienen ventajas y desventajas... por un lado, iMapMyRide tiene la fantástica opción de ver en 3D tu viaje a través de Google Maps (depende muchísimo la aplicación misma de Google Maps, hay que decir, lo que no tiene nada de malo a priori), mientras que miCoach, de Adidas, está pensada como una herramienta mucho más integral. Hay que decir, lo que me molesta mucho, que si bien ambas registran detalladamente las salidas, ninguna permite exportar los datos hacia Google Maps mismo, lo que es una limitante para quienes amamos Google y para poder realizar más acciones.
Entre los datos, mirando las características, preferiría iMapMyRide. Esta aplicación además tiene características más sociales, pues puedes ver quienes realizan rutas parecidas a las tuyas y te permite establecer contacto con ellas. Eso en el papel, pues en las últimas salidas, he estado usando más miCoach, pues debo decir que iMapMyRide me está arrojando problemas bastante seguidos, al no lograr conectar con los servidores y algunas otras cosas por el estilo. Por ahora, les dejo el detalle de la ruta a través de la info de myCoach.



Y, foto desde el primer mirador del Parque, a lo que se supone es Santiago :S

viernes, 20 de mayo de 2011

Eterno retorno

Siempre me pasa lo mismo.
Invito a salir a la bailarina, que primeramente acepta y que a última hora rechaza la invitación, y finalmente me deja meditando sobre mis deseos de estar con la psicóloga.
Al menos esta vez avisó con tiempo.

viernes, 29 de abril de 2011

El Toro por las Astas

Gracias a una invitación de @londrinaa_ ayer fui a ver la película obra "El toro por las astas", de Juan Radrigán.

Es absolutamente conmovedora. Me planteó la pregunta que durante mucho tiempo hemos conversado con algunos amigos y que no podemos responder. En tiempos de dictadura, ¿Qué hubiésemos hecho?

La obra narra la historia de los miembros de un prostíbulo, en que todos sus integrantes enajenan su felicidad en lo que pueda hacer un milagrero. Hay de todo, una mujer que sueña con su pasado perdido materializado en una teta, otra que sueña con su futuro en una fábrica de vestuario. Un maricón que nació cuando dios dormía siesta y que sale por todas las puertas que encuentra abiertas, y una desgarradora cabrona que espera encontrar a su hijo detenido desaparecido, que es acompañada de un proxeneta que sueña con volver a renacer (y comerse un asado). La historia lentamente absorbe al espectador, y de paso va permeándose con el contexto de la época: estados de sitio que hace a las putas añorar la calle y que no permiten al pianista tocar canciones proscritas a media noche más que a medio volumen, el discurso oficial que hace que el espacio público, ese del cuál están todos excluidos, se vea como un paraíso, la pobreza de la que se saben parte en medio de la crisis del 82', un infantil relato de detención y torturas, y el miedo ante cualquier cosa que pueda alterar el extraño equilibrio al que han llegado.

[Alerta de Spoiler]

La llegada del mesiánico milagrero no hace más que exponer el dilema. Parafraseando a Allende, llama a aquel pequeño mundo a que salga a las grandes Alamedas y buscar lo que es suyo, para un par de minutos después morir en esa apelación. Pero, para casi todos aquellos que en él había puesto sus esperanzas ya es demasiado tarde: la vida ya se les ha ido entre las manos.

No es posible responder que hubiésemos hecho. Un ejercicio mental, un contrafáctico, una ucronía que nunca serán respondidas o inventadas.

5 jumbitos para la obra.

Hay funciones jueves, viernes y sábado, hasta el 28 de mayo, en la Sala Antonio Varas (Morandé 25)

Les dejo también la banda sonora.




sábado, 23 de abril de 2011

Plaza Libertad de Prensa

Hoy fui a uno de esos lugares que a los que tenía que ir, alguna vez en la vida: La plaza Libertad de Prensa, en el Barrio Brasil.

Es asombrosa. En verdad no conozco mucho el Barrio Brasil, pero a simple vista parece un lugar fuera de lugar. Desde la Alameda es complejo pensar que lugar tan... encantador (sorry, pero creo es la mejor palabra que puede describir la plaza. Lo siento) está a media cuadra hacia el norte.

En la semana debe ser mejor. Hoy (sábado santo) estaba todo cerrado, pero se nota que hay hartos cafés y bares (de los güenos) en esas calles que atentan contra cualquier intento damero-ístico español. Además, por los árboles, hay que esperar un par de semanas más y el otoño hará lo suyo.

No sé. Gringos ebrios discutiendo con parroquianos es algo que debiese verse más seguido.

Además, como dato anexo, descubrí la perturbodoramente extensa ciclovía de Las Industrias-Carmen. Si bien es imprescindible una campanilla y (obviamente) las transiciones en las esquinas son horribles, es bastante buena. La recorrí desde Salvador Allende hasta Curicó, sin ningún problema. Dan ganas de trabajar en el centro con una ciclovía asi.

Pronto más review de las salidas en cleta. Y es que mi juguete nuevo hará que nunca más me pierda.... muajajajja

martes, 5 de abril de 2011

Las peores adquisiciones #1

A petición del público, hoy inaguraremos un nuevo segmento en este espacio: Las peores adquisiciones de la vida, tan horrendas, que merecían una mención especial. Por ahora, nos quedamos con 3.

1.- Audifonos sin soporte para orejas para conectar a la Blackberry ($15.000). A sabiendas que se me caen los audifonos de la oreja izquierda, me compré unos audifonos que, aparte del obvio hecho de que se me caen de la oreja izquierda, no son compatibles con la blackberry, por "actualizaciones de seguridad". Lo único bueno de la compra, el estuche.

2.- La parrilla de la bicicleta ($17.000). La compré pensando en... vaya a saber uno. Y no fue cualquier parrilla, sino una que no bloquease la suspensión trasera de mi antigua bici (La Ale, q.e.p.d.). El asunto es que a la semana siguiente compré la nueva cleta, sin suspensión trasera, y a la que sería una herejia ponerle una parrilla. Ahí está la parrilla, esperando que le saque un par de fotos para intentar venderla en Mercadolibre

3.- El cable para conectar una pantalla con entrada vga con un computador con salida hdmi, y el conector para unir un vga macho con otro ídem. ($16.000). En terminos simples, no se puede conectar una pantalla antigua, de esas con puertos vga, a un pc con salida hdmi. En verdad, intenten lo que se intente, en windows o ubuntu, con la tarjeta de video integrada o una Nvida, con pantallas de las pulgadas que sean... no se puede hacer. En serio.

Bien. Sin duda prontamente se irá actualizando esta lista. Hasta la próxima compra idiota

lunes, 4 de abril de 2011

Laburo en su casa

Mañana laburaré en la mañana desde la casa.

Llega alguien nuevo a la oficina del idh, y necesitaban un cupo, que me ofrecí a ceder.

¿Me estarán echando, de a poco?

viernes, 25 de marzo de 2011

Novedades

  1. Hoy supe que es lo que quiero hacer en 5 y 10 años más
  2. Tengo que ir a la carretera austral antes de que la pavimenten
  3. Tengo mi entrada para Blind Guardiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan
  4. Tengo que terminar de leer "La Guerra y La Paz", de Tolstoi
  5. The Office está en Cuevana
  6. Descubrí que Gabriela nunca se llamó Gabriela, sino Lucía

uf!

miércoles, 2 de marzo de 2011

El año de las oportunidades perdidas

Para muchos, el 2010 realmente comenzó el 27 de febrero. Sin previo aviso, todos nos vimos envueltos en eventos que sin consultarnos cambiaron nuestras prioridades y objetivos.

En un marco de incertidumbre, la llegada de un nuevo gobierno apareció como una oportunidad que debía ser aprovechada, para el bien de la nueva coalición oficialista y el país. Para un mandatario proveniente del mundo de los negocios, la superación rápida de la emergencia era una forma de demostrar todas sus capacidades de gestión; en tanto que para el país existía la posibilidad de generar una nueva infraestructura pública y privada, que fuese un modelo para otras naciones en situaciones de catástrofe.

A casi un año del terremoto, queda claro que ni el país ni el gobierno han aprovechado estas oportunidades. A un gobierno que continuamente se ve entrampado por polémicas causadas por la particular personalidad de nuestro Presidente hay que sumarle el hecho de que no ha sabido lidiar con una institucionalidad que no esta pensada para situaciones como estas, y que claramente “no ha dado el ancho”. Desde el comienzo, a los gobiernos comunales se les responsabilizó de hacer catastros, entregar mediaguas, diseñar planes de reconstrucción, y por estos días, tramitar las obtenciones de los subsidios a través de las EGIS, para todo lo que claramente no cuentan con los recursos financieros ni el personal adecuado. El gobierno central, por otro lado, que si bien tiene los recursos, no conoce las realidades locales, y lo que es peor, no es capaz de traspasar facultades ni patrimonio ni personal a las municipalidades. El resultado esta a la vista: gobiernos comunales incapaces de hacer todo lo que debiesen hacer, y un gobierno central imposibilitado de hacer todo lo que puede hacer. ¿De que estamos hablando? De más de 124.000 subsidios asignados en el país a personas que desconocen completamente que efectivamente sus subsidios ya están asignados (si tiene alguna duda, revise la web del Ministerio de Vivienda, y vea si es alguno de lo 1.523 beneficiarios del subsidio de reconstrucción que hay en Santa Cruz), y de los escasos casos de subsidios efectivamente construidos (en lo personal, conozco sólo uno en toda la comuna)

No podemos culpar a nuestras autoridades comunales. Han hecho todo lo posible, y los errores cometidos en el proceso, varios y conocidos sin duda, han sido el costo de una batalla contra el tiempo sin las herramientas necesarias. Tampoco es completa responsabilidad de este gobierno. El centralismo en el país no es algo nuevo, es solo cosa de ver que todas nuestras figuras políticas nacionales viven en Santiago, tenemos a cargo de nuestros gobiernos regionales a personas que son representantes del Presidente de la Republica en la región (y no representantes de la región ante el Presidente), el subsidio que todos los chilenos le damos al TranSantiago, y protestas ciudadanas en Magallanes por la reducción de los beneficios que han recibido (y por el extremo costo de la vida en la región austral claramente se merecen) en las cuentas de gas.

Hemos perdido las oportunidades de entregarles a los gobiernos locales los recursos económicos y humanos que necesitan para hacerle frente a este terremoto. Lo que no hay que hacer, es acostumbrarse a ver sitios eriazos en el centro de la ciudad, a las casas destruidas en los sectores rurales, al nuevo millón de pobres más de chilenos hay en Chile, y a las desmedidas ganancias de unos pocos proveedores de materiales de construcción.

Artículo que salió publicado en El Cóndor, un miércoles de Febrero (el 9, creo)

domingo, 27 de febrero de 2011

8.8 - A un año

Escribo a escasos minutos de cumplirse un año del terremoto, aquel que cambió la vida de gran parte de los chilenos.

¿Cuántas cosas se pueden contar?

Debo decir tengo una mezcla de emociones, gigante.

Tengo un poco de remordimiento. Muchos consideran que los desastres naturales sacan, fuerzas de flaquezas o de tripas, corazón, lo mejor de nuestras almas (y escribiré almas, para que vean lo esencial de este escrito), lo que claramente no puedo refutar. Los plásticos que nos dejaron se molieron un par de semanas después, las personas que nos apoyaron pronto olvidaron lo que hicieron, pero aún así, les estoy sumamente agradecido. En verdad, no saben cuán agradecido estoy por ello.

Pero, más que remordimiento, los sentimiento encontrados son lo principal. Hay una especie de dolor, tristeza... desesperanza.

Porque las cosas materiales, en si mismas, se recuperan.

Es un frase sumamente cliché, sobretodo para las más de 300.000 familias que vimos nuestros hogares destruidos, y que comienzan a sospechar que las frases de gobierno no son más que promesas que no se cumplirán. Que pasarán otro invierno en mediaguas.

La perdida, la real perdida, va de la mano con lo espiritual. ¿Quién podrá decir que no perdió gran parte de su identidad, de su historia, después de este terremoto? Y más aún, ¿Quién podrá recuperar esa perdida?

El terremoto comenzó como cualquier temblor. Lento. No lo suficientemente fuerte como para levantarse.

Debo decir que quedé inmovil. No corrí, no me levanté. No salí de mi cama.

No recuerdo alguna imagen. Alguna fuerte sensación de movimiento. Sólo me repetía: "esto va a pasar, ya va a pasar, es otro temblor". Pero, de pronto, la luz se cortó.

Sólo se escuchaban los adobes quebrandose. En ese momento, me apoye en la pared. Y aquellos 90 cms de espesor oscilaban sin contemplación.

Nunca asumí que era lo que estaba pasando. Pensé en "Quizás si me pongo de lado no moriré cuando me caiga la pared encima", pero creo nunca pensé en que pude haber muerto. Muerto.

A los dos días, vi el trozo de adobe que estaba sobre mi cama, sobre las almohadas.

Ni hablar de cuando logré salir, de mi pieza, después de mover las repisas que bloqueaban la entrada, cuando camine con solo una hawaiana hasta la pieza de mis papás, y ví los reboques que quebraron las camas de mi papá y mi mamá.

Salimos de la casa. Una luna llena, rojiza, gigante, estaba encima nuestro.

Roja, como nunca estuvo ni lo hará.

Nos subimos al auto, luego que mi papá recordará una historia del terremoto de 1960.

Fue el inicio de semanas eternas. Sin luz. De meses, sin agua.

De miedo, que aún perdura cuando suenan las ventanas por algun camión.

De pánico, surreal y colectivo, imposible de explicar en otro contexto.


La experiencia más potente de mi vida.

viernes, 25 de febrero de 2011

[Un lapsus]

*Posteo surgido de la necesidad de encontrar un luagr donde poner esta foto. imageshack.us apesta!

martes, 22 de febrero de 2011

A Lo Vásquez en Bicicleta - II Parte

La salida desde Curacaví era prometedora. Teníamos un prometedor futuro de cuestas y pendientes (en bajada todas), y la noche estaba particularmente agradable a esas alturas.
Pero... las tragedias comenzaron pronto. Al poco andar, comenzamos a notar la pendiente (ascendiente) del camino, para llegar al túnel Zapata. El problema es que esta subida era mucho peor que la primera. Al poco tiempo el cuñado de Ricardo nos abandonó en medio del camino: luego de quejarse por un par de kilómetros, se bajó de la flaca. No podía más.
Con mi espíritu solidario en un peak histórico, seguí adelante con Ricardo, quien al poco andar también abandonó, convirtiendo también su cicletada en una caminata. La cuesta seguía, y lo que me pareció un par de cientos de kilómetros adelante también me bajé. Ahí, al menos toda la gente caminaba. El pedaleo era algo olvidado en el tiempo. Al llegar al túnel, comenzó el descenso, pero que no se comparó ni remotamente al primero. Este era breve, muuuy frío, y nadie alcanzó a tomar mucha velocidad.
Luego de reencontrarme con Ricardo en unos 20 minutos en el peaje, esperamos al cuñado. Al final, porfono nos enteramos que había pasado el peaje, y que seguía pedaleando rumbo a Lo Vásquez.
En fin. Seguimos. Luego del peaje, viene una recta, sin pendientes ni nada, pero con una niebla horrible, y, aparte, un frío ídem. No, es que en serio. Es horrible es niebla.


Pronto amaneció, pero el frío siguió. Como ya se habrán dado cuenta, esa fue precisamente la peor decision del viaje. Claro, "andabamos en bicicleta... es idiota si llevas algo más que un cortaviento", pero lo que en realidad pasó fue que perdí mis manos por una hora al menos, y las encontré no antes de llegar a LoVásquez. Aparte, ya comenzaban a pasar algunos autos, la gente en verdad ya había llegado al Santuario o aValparaíso a esa hora (que en ese momento, cansado y con frío, se había convertido en una utopía).
Así que... llegamos a Lo Vásquez cerca de las 7:30, en un mar de gente que vendía de todo, desde calendarios hasta pailas marinas y ropa. De la Virgen, ni idea. Ricardo intento llegar, pero al poco rato abortó su misión en el pagano e improvisado mercado.
De vuelta a Santiago, hay buses, tengo que mencionar. 5k, con la bicicleta en la parrilla. Una espera de unos 20', nada del otro mundo. Ni remotamente legales, también hay que decir.
Pasé a buscar mis cosas a la casa de la Coté, y después, al hogar.
Fue un largo día.
¿Que si lo haría de nuevo?
No. No hasta Lo Vásquez. Este 2011 llegaré hasta Valparaíso.

domingo, 20 de febrero de 2011

A Lo Vásquez en Bicicleta - I Parte

Lo de ir a Lo Vásquez, como todas las cosas entretenidas de la vida, surgió de la nada. Javier, mi compañero del Magíster, me había comentado que "alguna vez podríamos ir". Él ya había ido otros años, y consideraba que probablemente sería una experiencia que me iba a gustar mucho.

Este año el 8 de diciembre fue miércoles. Ese día cierran completamente la ruta 68, para que fieles penitentes y ciclistas empedernidos puedan usar la vía (He ahí la maravilla del asunto). El lunes se me ocurrió ir, después de pensar que si alguna vez quería recorrer a la carretera austral en cleta, si no era capaz siquiera de ir a Lo Vásquez lo mejor era despedirse de la sureña idea. Y, convencido, llamé a Javier, que si bien me dió muchos consejos, no me aseguró si iba. Con Ricardo, un compañero de la u, me fue mejor.

La cosa es que gran parte de los consejos de Javier no los consideré TAN relevantes (grave error). Me recomendó una y mil veces ir abrigado, llevar buena luz, y partir a una hora prudente (antes de las 11pm).

De partida, Ricardo, su cuñado y yo partimos después de las 12:30 am (ya del día 8). La ideal para partir es hacerlo cerca de las 8 o 9 pm (del día 7), y así evaluar en Lo Vásquez la eventualidad de seguir pedaleando hasta Valparaíso (idea que tenía en mente al iniciar el viaje, debo decir). Las razones del atraso, el cumpleaños de Chapa en Bellavista, y la mochila inacomodable de Ricardo (aunque debo decir que fue más lo primero que nada)

Y partimos. Los tres sin tener mayores ideas, preguntándole a la gente por indicaciones de cómo seguir y todo.


Me fui twitteando. Siempre es bueno que al menos alguien sepa donde comenzar a buscar los cuerpos, ante cualquier eventualidad.

Hasta el Pronto, debo decir que estaba encontrando harto fome el viaje. Si bien la gran cantidad de gente que andaba en cleta me sorprendió muchísimo (en verdad era mucha), el viaje no se reducía más que a un pedaleo mundano en una noche muy fresca. En fin. Ibamos pedaleando, lo que era algo bueno. Peeeeero... pronto el viaje se puso entrete.


Ni más ni menos. Para llegar al túnel Lo Padro no hay ni una pendiente ni cuesta que le pese a uno. Incluso me fui conversando con un tipo de la mantención de la carretera (él en camioneta, yo en la cleta). Pero el descenso es súper largo, completa y absolutamente oscuro (no hay ni un miserable poste de luz ni referencia ni nada), y llegas a los 50 km/h fácil (si, le compré un computador a la Javiera, que registró ese máximo). Y si bien ahí me pesó un error nada menor (el llevar una luz no muy potente), sirvió como reflexión y que se yo. Bajar la cuesta a una velocidad que cuando vas en cleta piensas que bien podrían ser cientos de kilómetros por hora, solo, sin tener la más remota idea de que es lo que hay a 10 metros de distancia (y por tanto, con la posibilidad de que si algo se te cruza a 15 metros probablemente vas a morir irremediablemente), en un camino que incluso es un tanto sinuoso, en un cielo estrellado... wow. Fue una increíble sensación.

Paramos en Curacaví a comer, donde nos dijeron que aún quedaba más de la mitad del camino.

Lo que no nos dijeron, era que nos quedaba la peor mitad del camino ¬¬

(mañana, por este mismo canal y a esta misma hora, la segunda parte y final de este emocionante relato!)

(ok. Dejémoslo en relato)

lunes, 14 de febrero de 2011

Un verano naranja

Definitivamente, no me queda más que confirmar un teoría que esbozé hace algunos meses respecto a estas líneas. Simplemente escribo melancolía mediante. Y no es precisamente que por estos minutos lo esté, o al menos eso creo. Sino que simplemente, estaba la necesidad de mencionarlo.
Aparte, definitivamente hay un intento iluso, en quizás pensar en las nuevas generaciones intrigadas en conocer a sus antepasados. Será tal la cantidad de información recolectada y la necesaria para vivir, que un par de lineas de tu abuelo ni creo sean precisamente lo más interesante para leer. Por más que sean de tu abuelo.
En fin.
Las cosas relevantes, interesantes, emocionantes, ilegales y absurdas, esas han quedado fuera de este espacio.

"Pobre de mí"

A ver si mañana o pasado les relato una de mis más emocionantes historias de estos meses: Mi ida a Lo Vásquez (y)