sábado, 26 de septiembre de 2009

Sinceridad

Siendo sincero, la sinceridad no es lo mio.
Miento con frecuencia, sobre cualquier cosa. Es mucho más simple que dar explicaciones sobre algo que no quieres darlas. Con el tiempo, he ido aprendiendo a mentir cada vez mejor, lo que en caso alguno me tiene preocupado o con alguna cosa relativamente similar a la conciencia ocupada en ello.
Por lo pronto, es algo de familia. Del lado materno, sobretodo. Es esa típica idea de que 'una mentirilla blanca por aquí', o 'es mejor que x no sepa tal cosa' el principal argumento utilizado.
Como sea, en medio de tanta cosa de este estilo, este año he conocido dos personas con las cuales he desarrollado vías de comunicación bastante expeditas.
A veces, la verdad duele, pero si la Carola me pregunto mi opinión sobre su nuevo corte de pelo, y en verdad no me gustó (pero para nada)... No hay mucho espacio cuando decides ser sincero.
Al menos, este experimento etnográfico implica a su vez que con estas dos personas me he dado amplísimas licencias, que con el resto del mundo no lo hago. Las cosas se hacen mucho más claras cuando hablas sobre un amor (Sí. Estimado lector, usted efectivamente está leyendo aquella vomitiba palabrota en este espacio. No es un error de tipeo. Lo siento), que de paso espero no esté apunado golpeando gente (o, que este golpeando gente que se lo merece al menos); o cuando preguntas directamente cuáles son los términos del contrato relacional a la Nathy.
Esas cosas son las que hacen la vida más sencilla.
Para alguien que ya está viejo y no quiere más complicaciones en la vida, esas son las cosas que se buscan, se agradecen, y merecen ser objeto de una entrada en un blog.

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