domingo, 28 de marzo de 2010

28 días

Parece que hubiera pasado un siglo, pero sólo es un mes. Un mes desde que a las 3:35 am se nos movió el mundo a todos. Algunos tuvieron la suerte de simplemente sumar una anécdota más a una breve historia. Otros tuvimos la poca suerte de perder toda una larga historia escritas en paredes centenarias. Como alguien dijo por ahí, 'las casas del centenario no sobrevivieron al terremoto del bicentenario'.
Como sea... Ha pasado un mes, y aún no se puede decir cuáles son los componentes de aquello que se siente. Es una mezcla de tristeza profunda, por todo lo que se perdió, confusión, sobretodo al inicio, de no saber que hacer, o por donde empezar, desolación, al ver que esto es verdad un completo desastre, para toda una comunidad, sorpresa, una sensación de agradecimiento y humildad, ante todas las muestras de apoyo, de todo tipo, desde quienes confiaba plenamente de ello, hasta a los amigos del hijo de una ex colega de mi prima Maritza y los vecinos del alumno que mi mamá tuvo en los años 80... también miedo, ante una y otra y otra replica, cada una de las cuales amenaza a destrozar lo que quedo en pie, y pánico, de ese colectivo que jamás pensaste podría ocurrir en otro lugar que no fuese el cine, sin mediar razonamiento alguno, e incertidumbre, que quizás la más complicada, de no saber que carajo hay que hacer, como, cuando, ni porque.
Una nueva vuelta al origen, y ya todo pierde el sentido, de nuevo. Y rabia. Decenas de años enviados al carajo en 3 minutos, para que luego aparezcan cualquier hijo de vecino a ver el freak show en que se convirtió el hogar, y otros que simplemente hablan de las cosas que no hicimos que pudieron evitar el desastre.
La vida, que se hizo eterna en menos de 5 minutos
Aquí no se perdió sólo un hogar. Tampoco meramente pueblos bajo una maldita ola de la que nadie advirtió. Ni siquiera la dignidad de un pueblo por los saqueos. Tampoco la esperanza ni esas cosas. Aquí lo que se perdió fue una identidad, definida y formada durante tantos años. Eso es irreparable. Aquello que será reemplazado por casas prefabricadas, por zinc, ventanas de aluminio.  
Eso es lo que apena. Pensar en esas tardes en el corredor mirando al caballo del cerro. En aquellas siestas a las 3 de la tarde en verano, durmiendo con frazadas. Esos techos de 7 metros de altura, y esas chimeneas que hacían inmutable cualquier invierno.
El desastre interno, esa incertidumbre angustiosa permanente que quedó instalada después del terremoto en chile del 27 de febrero de 2010, a las 3:34 am, de 8.5 grados richter en santa cruz, ese, ese en verdad llega a ser irrelevante ante tanto. Tanto desastre.
Al menos, hoy le decía a mi tía que ya después de esto, ya no puede existir algo más terrible. En términos prácticos, nada puede ser más terrible que esto.

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