martes, 27 de abril de 2010

Luna Llena

Y, de vuelta. Acaba de temblar hace pocos minutos.
Cuando conversábamos sobre temblores y terremotos, estábamos conscientes de que nuestra generación no conocía realmente que era un terremoto. El último relativamente grande en nuestra zona, el de San Antonio, fue en 1985, un par de años antes de nuestra existencia.
Ahora, si que sabemos.
Un temblor. Una oscilación. Una luna particularmente llena y/o rojiza. Ahora cualquiera de esas cosas puede ser un indicador de que algo grave podría estar pasando. ¿Algún día podremos volver a ver a esa luna sin pensar en lo que pasó hace dos meses?
En Colchagua, al igual que en muchas localidades rurales y pueblos pequeños, el terremoto parece ser un movimiento continuo, que aún luego de ochos semanas de ocurrido, destroza todo. Y no es por las continuas réplicas, que día a día nos recuerdan aquella noche. Es la destrucción oculta, que te sorprende, que en las primeras semanas nunca supiste. Mi casa es un ejemplo de ello. Hay vecinos que saludan, y dicen 'Menos mal que a su casa no le pasó nada'. En Santa Cruz, cada día, literalmente, desaparecen casas, y aparecen sitios, vacíos, sin una sola muralla o resto de lo que ahí estaba. Desde el Museo de Colchagua, hasta el Chico Ojeda. Desde la vecina de la casa de mi abuela (que también hay que demoler), hasta las casas de Sanfurgo. Y aún quedan muchas construcciones por demoler. La Parroquia, que desaparecerá completa. La Municipalidad.
Incluso, ya se ven casas que no se demolerán, por falta de recursos. Por falta de ánimos. ¡Cuánto duele escuchar a mis vecinos preguntarse 'Y para qué voy a construir?'!
Ese ese el Chile que se ha perdido, para siempre. Aquel fresco Chile, que no se congelaba, como ahora estamos en lo que en cada día nos vamos convenciendo de que será nuestra casa, definitiva. Aquel Chile que se sentaba a saludar a sus vecinos desde el corredor, después de once, a rezar eternas letanías y rosarios. Aquel Chile enorme, cariñoso, amplio.

Y sigue temblando. Y aún no hay un suministro normal de agua potable. ¡¿Cómo es que ocho semanas después del terremoto aún no podemos tener agua?!

Recuerdo que sentado, sobre unas piedras que habían fuera de la casa, mirando lo que quedó de casa, comencé a pensar que hay que puro irse de este país de mierda.... Y aún más, recuerdo haberme estremecido unas tres semanas después, cuando ví esta imagen, y la descripción de ella. ¡Cuántas veces no pensé lo mismo!: "¡Tenemos que irnos de este país de mierda!"

Nota1: El pie de la foto es "Constitución: El 1 de marzo, Dennise Pincochet, de 24 años, llora frente a su casa completamente destruida y su barrio devastado. Gritaba: “tenemos que dejar este pueblo maldito”."
Nota2: El temblor que inicia este comentario fue de 4.8, epicentro en Litueche, a unos 50 km al O de Rancagua, a 40 al NO de Santa Cruz. Naturalmente, las redes colapsaron varios minutos.

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