miércoles, 30 de junio de 2010

La luna, el Sol y el gato

Es extraño. En los últimos meses aquellos astros tantas veces adorados (si, me atraparon. Soy un adorador del sol #lodijeyque) de pronto cambiaron radicalmente su sentido en la vida. 

En primer lugar, la Luna cambió. Nunca me gustó mucho, pues una perfecta luna llena lanza por el suelo las posibilidades de ver estrellas fugaces y cualquier cosa interesante de noche (Nota para la gente que vive en Stgo, en el campo se pueden ver varias en pocos minutos). Pero... el 27 de febrero (si, seguiré dando la lata con eso) había una luna llena. Rojísima. Asumo que por el polvo levantado. Pero eso no se olvidará fácil. Ahora resulta que veo la luna llena, como hoy está, y me acuerdo del movimiento ese. ¬¬

Y el Sol. dios mío, el Sol.

(Minutos de silencio pensando que escribiré)

(Bueh. Seré directo. Resumiré)

Resulta que me enamoré total y completamente del Sol. Sueño con ella (literalmente, más veces de las que quisiera). Desde antes de conocerla pensaba en ella, pero dios mío, que la adoro ahora. Le compré un regalo para mañana, que almorzaré con ella. Debiese gustarle. El regalo. Yo ni idea. Dudo, de hecho. Quién sabe.

Siempre recordaré cuando mi profe de biología nos dijo que "Uno es adulto en el minuto en que uno deja de creer que masturbarse era una cosa sólo de la juventud". Asquito. Pero dios mío, hoy puedo parafrasear diciendo que "Uno es adulto en el minuto en que uno deja de creer que enamorarse quinceañeramente era una cosa sólo de la juventud"

dios mío. Sol mío. Y es que la adoro. Más que a la Luna, el Sol y el gato.

*Las fotos desde Astronomic Picture of the Day

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